miércoles, 11 de agosto de 2010

La pequeña historia de España. (24)


La detención de Azaña no me sirvió de complacencia. Tenía el íntimo convencimiento de que el personaje no había ido a Cataluña a conspirar y mucho menos a participar en la rebelión. A intrigar, tal vez.
A sublevarse, ni pensarlo. De haber previsto la tragedia. Azaña hubiese escapado de Cataluña a toda velocidad, exclamando como Sol y Ortega, contestando a una interrupción famosa en un mitin de Sevilla: ¡Pocas bromas! ¡Pocas bromas!
No lo digo para declarale incapaz de heroicidad, que no es ese aspecto el que más me interese en los hombres públicos, sino para asegurar que su talento y su sagacidad no se hubieran dejado coger en la trampa separatista. Castellano, centralista, enamorado de los Reyes Católicos y del Cardenal Cisneros, enemigo primario de las aspiraciones regionalistas, Azaña había podido disimular esas convicciones suyas para buscar por el apoyo al Estatuto en el Parlamento la solidaridad de Cataluña y popularidad entre los autonomistas catalanes, pero separtista no lo era ni lo es el ilustre complutense.

La pequeña historia de España. (23)


Una policía inteligente y una buena administración hubieran sido para el "separatismo" clima mortal de necesidad. El catalán se batirá por su religión, por su idioma, por su "rabassa morta", por sus sardanas. Para separar a Cataluña de España, como finalidad de una guerra, yo afirmo que no se reúne un ejército de catalanes. De aventureros y mercenarios sí, porque en Cataluña el desenvolvimiento industrial de este último medio siglo ha llamamdo a su territorio hombres forasteros en todas partes, desvinculados a todo lazo espiritual, sin patria, ni hogar ni sentimiento de honor.
En Cataluña se encontrarán siempre voluntarios para luchar por ideales abstractos: la anarquía, la justicia... Por el separatismo lisa y llanamente, no. El separatismo no es un valor espiritual.

miércoles, 4 de agosto de 2010

La pequeña historia de España. (22)


El pueblo no siente el ideal separatista. Ese es un ideal reaccionario fomentado por la mediocridad de los intelectuales catalanes. Las más elevadas mentalidades de la raza, las que han aportado algo positivo al patrimonio espiritual de Cataluña y España, no fueron separatistas. Balmes no fue separatista. No lo fue Pí y Margall. Sus artistas más insignes no lo fueron. Probablemente el separatismo catalán se ha elaborado más en Madrid que en Barcelona. Se ha confundido separatismo y "forasterismo".

La pequeña historia de España. (21)


A Companys sus mudanzas le hacen a uno recordar las del camaleón. Estoy seguro de que a solas con su conciencia no podrá explicarse por qué serie de transmutaciones ha venido a parar de castelarista en federal, de reformista monárquico, en furibundo hombre de izquierdas, de españolista patriotero, en anarco-separatista, y de modestísimo Don Nadie, en el monigote de la veleta catalana, gobernada por todos los vientos, volviendo la cara a todos los horizontes, sin gobierno sobre nadie, sin autoridad sobre nada, empingorotado sobre todos los niveles, testaferro de todas las voluntades, canciller de todas las villanías, testigo de todos los crímenes, cómplice de todas las infamias y tan irresponsable como los fetos en el Limbo.

La pequeña historia de España. (20)


Sin el asesinato de Layret, Companys no hubiera salido del anonimato. Sus devaneos políticos necesitarían el hilo de Ariadna para desenredarlas. Nació políticamente en la "Escolar Republicana", con un matiz castelarista. Con el reformismo de Melquiades Álvarez hizo una excursión por el mar muerto de la Monarquía. Arrumbó a la playa del Partido Radical, donde no pudo asegurar las anclas. Más tarde, ese mismo partido le regaló un acta de concejal en el Ayuntamiento de Barcelona. Se acogió después a las mesnadas de Marcelino Domingo. Luego fue pasante en el bufete de Layret. Cuando éste sucumbió asesinado por el terrorismo, Companys no pudo heredar su talento ni su bufete, pero heredó su acta de diputado a Cortes. El distrito de Sabadell, que el finado representaba, necesitó un mandatario y eligió a Companys. Desde entonces Companys se ha titulado federal y catalanista de los de "desde el vientre de su madre".
No lograba salir de penas. Quiero decir que ni de concejal, ni de diputado, ni de periodista, ni de abogado conseguía destacarse con personalidad. No la tenía. bastante lograba con flotar.

sábado, 31 de julio de 2010

La pequeña historia de España. (19)


El pobre Companys ha sido juguete del destino, triste destino de Arlequín en el escenario de un guignol trágico. No es bueno, ni es malo; no es listo, ni es tonto. "Tiene... pero le falta", como decía Antonio Palomero, malogrado ingenio de la prensa nacional.
España no puede sentirse orgullosa de sus hombres representativos de las generaciones que viven, es cierto, pero menos "que de otras de sus regiones, de las de Cataluña".
Tantos años de voces, de esfuerzos, de luchas políticas, para que en la hora precisa de su pretendida liberación la represente y dirija Maciá, respetable porque está muerto y porque no era mala persona; y en la vacante le suceda un Companys, más respetable también por medio muerto que por vivo. ¡Tremenda ironía!

sábado, 24 de julio de 2010

La pequeña historia de España. (18)


Al frente de la Generalidad estaba Luis Companys. No puedo dispensarme de traerle a colación porque, por insignificante que la personalidad sea, y lo es mucho más de lo que puede suponerse, representa una realidad.
La fatalidad tiene su lógica. A un Presidente de la República como don Niceto tenía que corresponder un Presidente de la Generalidad como Maciá. Y cuando aquél empezó a bajar de tono en el concepto público, para no desentonar demasiado, el pobre Maciá se murió y le sucedió el pobre Companys. La verdad es -y lo digo sin exceptuarme- que en nuestra desgraciada República todo ha ocurrido parejo: cosas, hechos, hombres y categorías. Por unas o por otras causas, la curva de depresión general que la Humanidad vive bajando a trompicones desde hace tiempo, ha cogido de pleno a nuestra generación. Sí; aquí todos, en efecto, podemos llamarnos de tú. El llamárnoslo mirando al interlocutor de alto a bajo es cuestión de estatura física; algunas veces de estaura moral, de estaura intelectual muy pocas.

jueves, 22 de julio de 2010

La pequeña historia de España. (17)

La policía detiene a don Niceto. Antes de conducirle a la cárcel le acompaña a la Iglesia. Don Niceto oye misa, confiesa y se comulga. Don Niceto ingresa resignado en su celda de la Prisión de Madrid. Allí, Largo Caballero y Fernando de los Ríos, y Giral, y Ortega Gasset y más tarde Casares Quiroga.
Son el anticaciquismo, el ateísmo, el anticleralismo, el nacionalismo, la masonería, la revolución política y social, todo lo contrario que don Niceto Alcalá Zamora.
El comunismo de la prisión, la convivencoia, el trato, les relaciona a todos ellos en estrecha amistad. En determinado momento y sospechoso incidente de la vida carcelaria, Largo Caballero defiende la trascendencia del episodio a dar motivo de que se suponga, y hasta se crea, la noticia de que por enlace que el amor santifica, el liberal y el comunista, el católico y el ateo, pueden llegar a ser parientes espirituales.

La pequeña historia de España. (16)


Don Niceto no era un fariseo, en el sentido vulgar que ha venido a tener la palabra al convertirse de sustantivo en adejtivo. Pero en cuanto el fariseo representaba en el judaísmo el sentido legalista, formulario, estricto y austero de la religión mosaica, de don Niceto puede decirse sin paradoja que es un fariseo-católico.
Practica la religión católica para cumplir un deber más que para satisfacer un sentimiento. Pues, por católico, por religioso, por creyente, republicanos y socialistas sintieron contra él las mismas prevenciones y hostilidades que por cacique monárquico.
Me refiero, ya se supondrá, a esos republicanos y socialistas que, sinceramnete, por suponerse ateos o por titularse anticlericales a la usanza demagógica, son intolerantes, intransigentes y enemigos jurados de todos los creyentes, cualquiera que sea su religión.
Sin embargo, la vida, el sentimiento humano, la realidad, prescinden de esas prevenciones y sobre ellas se remontan.

lunes, 19 de julio de 2010

La pequeña historia de España. (15)

Pedí la palabra y hablé. Comencé con el saludo a los gladiadores romanos al César. Traté a Prieto como un adversario aunque él se había comportado como un enemigo. Pero yo gozaba el desdén magnífico de no dignarme a ser enemigo suyo. Comprendía su posición y su papel, pero reconocía y me explicaba el empuje con que me combatió, él, que empezaba a subir la escalera de Jacob cuyos peldaños más altos se pierden en la gloria. La gloria para Prieto es la Presidencia del Consejo de Ministros, con la que, de paso, pensaba matar de envidia a su "camarada" Largo Caballero. Fui tan benévolo con él que le ascendí de simple gato montés a león joven.

La pequeña historia de España. (14)


Por estas causas y por otras, yo he sido, sigo siendo y seré, un fervoroso amante del Ejército, subordinado al servicio de la Patria. Lo que no he sido nunca, ni lo soy, ni lo seré, es "antimilitarista". Si por amor a la supremacía del Poder civil, he sido, soy y seré "anticlerical", es decir enemigo de la intervención y participación privilegiadas de la Iglesia en el Estado, por amor a la supremacía del poder civil he sido, soy y seré antimilitarista, es decir, enemigo de la intervención y participación sistemáticas y privilegiadas del Ejército en el Estado.

martes, 13 de julio de 2010

La pequeña historia de España. (13)

Sigo con los retazos del libro que escribió Alejandro Lerroux.


Habían oído hablar de mis antiguas propagandas anticlericales, trillados caminos por donde se han iniciado tantos militantes de la democracia. Nadie habría ido a decir a ésas y otras humildes monjitas, que yo, a imitación del Maestro -perdón por la jactancia-, soy tan anticlerical como Jesús, con las disciplinas en el atrio del templo, pero no más, ni hago del anticleralismo fundamento y razón de mi política, que aspiraba solamente a "darle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios" también obedeciendo a Cristo.