Por estas causas y por otras, yo he sido, sigo siendo y seré, un fervoroso amante del Ejército, subordinado al servicio de la Patria. Lo que no he sido nunca, ni lo soy, ni lo seré, es "antimilitarista". Si por amor a la supremacía del Poder civil, he sido, soy y seré "anticlerical", es decir enemigo de la intervención y participación privilegiadas de la Iglesia en el Estado, por amor a la supremacía del poder civil he sido, soy y seré antimilitarista, es decir, enemigo de la intervención y participación sistemáticas y privilegiadas del Ejército en el Estado.
lunes, 19 de julio de 2010
La pequeña historia de España. (14)
Por estas causas y por otras, yo he sido, sigo siendo y seré, un fervoroso amante del Ejército, subordinado al servicio de la Patria. Lo que no he sido nunca, ni lo soy, ni lo seré, es "antimilitarista". Si por amor a la supremacía del Poder civil, he sido, soy y seré "anticlerical", es decir enemigo de la intervención y participación privilegiadas de la Iglesia en el Estado, por amor a la supremacía del poder civil he sido, soy y seré antimilitarista, es decir, enemigo de la intervención y participación sistemáticas y privilegiadas del Ejército en el Estado.
martes, 13 de julio de 2010
La pequeña historia de España. (13)
Sigo con los retazos del libro que escribió Alejandro Lerroux.

Habían oído hablar de mis antiguas propagandas anticlericales, trillados caminos por donde se han iniciado tantos militantes de la democracia. Nadie habría ido a decir a ésas y otras humildes monjitas, que yo, a imitación del Maestro -perdón por la jactancia-, soy tan anticlerical como Jesús, con las disciplinas en el atrio del templo, pero no más, ni hago del anticleralismo fundamento y razón de mi política, que aspiraba solamente a "darle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios" también obedeciendo a Cristo.
Habían oído hablar de mis antiguas propagandas anticlericales, trillados caminos por donde se han iniciado tantos militantes de la democracia. Nadie habría ido a decir a ésas y otras humildes monjitas, que yo, a imitación del Maestro -perdón por la jactancia-, soy tan anticlerical como Jesús, con las disciplinas en el atrio del templo, pero no más, ni hago del anticleralismo fundamento y razón de mi política, que aspiraba solamente a "darle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios" también obedeciendo a Cristo.
La pequeña historia de España. (12)
El partido radical, fundado por mí en el año 1907, era la única organización republicana con carácter nacional que existía en España y tenía representación en todas las provincias. Núcleos de importancia local o regional sólo quedaba el de Valencia.
Con mi partido había que contar para toda empresa política. Se había cumplido la profecía que tuve la osadía de hacer, apenas nacido, desde la tribuna parlamentaria, cuando dirigiéndome a los jefes monárquicos dije:
"En lo sucesivo podréis gobernar contra mí, pero sin mí no podréis gobernar".
jueves, 8 de julio de 2010
La pequeña historia de España. (11)

Yo había nacido en La Rambla, partido judicial de la provincia de Córdoba, que con el de Posadas formaba un distrito electoral. De mi pueblo salí a los 40 días y no volví cumplidos los 40 años, cuando ya se había dibujado mi personalidad política en el escenario de la vida pública. Ni la heredé, ni me la regalaron, ni la improvisé. En La Rambla empezaron a conocerme el juez y el cura de la parroquia donde me bautizaron, por el sinnúmero de certificaciones y partidas de bautismo que durante mi época de periodista activo y combatiente, los jueces que me procesaban en Madrid reclamaban de aquellas autoridades. Después los azares marciales y pintorescos de mis luchas con el cortejo de prisiones, emigraciones, etcétera... y mis primeras campañas en el parlamento, acrecentaron mi fama.
Los distritos rurales, generalmente de arquietctura caciquista, aspiraban a tener a su servcicio "personajes" de influencia que, a cambio del acta de diputado, los protegiese y fuese agente y procurador de sus intereses.
Con todo, la primera vez, mayor de edad y diputado, fui a La Rambla, me recibieron a pedradas y a duras penas encontré dónde alojarme. La segunda vez pude hablar desde el balcón del Ayuntamiento. La tercera me acogieron bajo palio o poco menos, música y cohetes. No hay que decir cómo me trataron cuando fui ministro...
lunes, 5 de julio de 2010
La pequeña historia de España. (10)
Los republicanos históricos queríamos haber fundado un régimen nacional, es decir, para todos los españoles; democrático, es decir, sin privilegios; liberal, es decir, que respetase el derecho ajeno y fuese accesible a todos los ciudadanos.
domingo, 4 de julio de 2010
La pequeña historia de España. (9)
A los auténticos intelectuales, legítimos prestigios del país, procedentes de la cátedra y del foro, se les abrieron los brazos con ese generoso sentimiento de la democracia que parece buscar en la selección de sus mejores la aristocracia natural, legítima, la garantía moral y la dirección y gobierno de la inteligencia para el cumplimiento de su misión.
sábado, 3 de julio de 2010
La pequeña historia de España. (8)
A ello se opusieron los gobernantes de la monarquía que, apenas levantada mi bandera y promulgado mi programa, me combatieron sañudamente, protegieron a mis enemigos, me derrotaron en unas elecciones y, viéndome sin la inmunidad parlamentaria, lograron que los tribunales me condenaran en un resucitado proceso por delito de imprenta. Para evitar ocho años y un día de prisión tuve que vivir dos emigrado en Europa y en América.
La pequeña historia de España. (7)
Había conseguido por una labor perseverante y personalista de propaganda y organización que comencé hace treinta años, constituir un partido republicano de amplitud nacional. Recorrí toda España incorporándome masas populares que logré separar de los focos extremistas revolucionarios. El Partido Republicano Radical llegó a ser una fuerza política liberal, democrática, progresiva, de sentido gubernamental. Se agregaron también elementos de la clase media y de las profesionales liberales que, por espontánea selección, formaron pronto un estado mayor.
Gran oportunidad fue aquélla para haber agrupado a la nueva generación en una extensa y auténtica democracia nacional, plasmada sobre moldes nuevos, hasta donde ello fuera posible en un país que no ha pasado por las experiencias y evoluciones que fraguaron tan consistentes y duraderas de los pieblos como Inglaterra, Francia y Estados Unidos.
Gran oportunidad fue aquélla para haber agrupado a la nueva generación en una extensa y auténtica democracia nacional, plasmada sobre moldes nuevos, hasta donde ello fuera posible en un país que no ha pasado por las experiencias y evoluciones que fraguaron tan consistentes y duraderas de los pieblos como Inglaterra, Francia y Estados Unidos.
viernes, 2 de julio de 2010
La pequeña historia de España. (6)
Se puso de moda llamarse socialista, y algunos lo adoptaron como segundo apellido, pero mucho señorito de provincias se afilió directamente al socialismo y al sindicalismo de diversas tendencias, al mismo compás con que los Gobiernos elaboraban leyes de reforma social con precipitación excesiva, que demostraba más pronto miedo a la amenaza de la revolucón proletaria que amor al proletariado y a la justicia social.
jueves, 1 de julio de 2010
La pequeña historia de España. (5)
La clase media, anegada en el rebaño de la "masa neutra", y retraídos o disfrazados en sus empleos los profesionales de las ciencias y las artes; los intelectuales por antonomasia, afectando a los unos el desdén de su superioridad de clase, y los otros cultivando como "dilettantes" sus preferencias en la regalada comodidad de sinecuras burocráticas, o prefiriendo la feliciciad de la crítica banal y sin finalidad a la abnegación creadora del magisterio por el trabajo y por el ejemplo.
Entre unos y otros habían dejado acéfalos a los partidarios de acción, que seguían convirtiendo en virtud y en cualidad la consecuencia de solfear eternamente sobre los mismos pentagramas en que aprendieron el himno de Riego y la Marsellesa.
La pequeña historia de España. (4)

Así se explica que en España el pronunciamiento que estableció la Dictadura militar el 13 de septiembre de 1923 fuese acogido por el país sin desagrado y hasta con simpatía. Había que restablecer el orden como primera, urgente necesidad. Y se restableció el orden, un orden... El caso es que durante siete años consecutivos no hubo crímenes sociales sino el que sirvió de escarmiento por su represión justa y fulminante. Tampoco hubo lucha de clases. Cesaron las huelgas, dieron tregua los partidos políticos y alguno, como el socialista, colaboró sin rebozo en la obra de la Dictadura. En fin, reinó la paz, una paz...
La pequeña historia de España. (3)
Las campañas coloniales, las guerras civiles, los sacrificios revolucionarios, los desastres de Marruecos, la baja política y las luchas sociales había llegado a producir ne le alma nacional como un cansancio de vejez. De su fondo surgían ansias de paz y deseos de orden. Lo mismo le daba un régiemn que otro. Ninguno tenía legiones, ni héroes, ni mártires, porque la masa neutra predominante carecía de fe, la fe que mueve las montañas, según el Evangelio. Lo que quería era paz y orden.
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