jueves, 17 de diciembre de 2009

Las sotanas de la tribu


Ignacio Camacho en ABC.

QUÉ pena que esas gregorianas voces rebeldes alzadas contra el nuevo obispo de Guipúzcoa no se oyesen en todos estos años de dolor para entonar siquiera un compasivo responso, un piadoso gorigori por las víctimas del terrorismo. Qué lástima de coraje desperdiciado, tan útil como hubiera sido en la cristiana defensa del quinto mandamiento. Qué tristeza de sotanas ausentes en el consuelo, qué malograda energía de pastores callados ante la quijada siniestra de Caín. Y qué despilfarro de bravura este reciente motín diocesano, esta asonada de trabucaires insurrectos, esta sindicada rebelión de parroquias y arciprestazgos que tanto se echaba en falta cuando los báculos episcopales se inclinaban en reverenciosa aquiescencia con los verdugos. Qué asco de hipocresía, qué farisaica blancura de sepulcros podridos.
Esta arriscada clerecía carlistona que ahora recibe con rebrincos al prelado Munilla es la misma que arrastraba sus casullas en acólita sumisión al designio nacionalista. La que cobijaba en sacristías a los cómplices del terror. La que negaba funerales a los asesinados y predicaba comprensión para las razones de los asesinos. La que santificaba la viscosa equidistancia de los setienes y uriartes, la que ejercía de mediadora con los terroristas, la que retiraba su amparo a las víctimas de la coacción y del chantaje. La que siempre encontraba excusas y subterfugios para la violencia, la que siempre eludía con jesuíticos casuismos la condena del crimen, la que enfatizaba el sufrimiento de los perseguidores y minimizaba la angustia de los perseguidos. La que consagraba el vino áspero de las herrikotabernas. La tropilla talar del aranismo más rancio, la guardia vestal de las esencias del soberanismo, la levítica cuadrilla espiritual que amparaba con su doblez el delirio de la hegemonía étnica. La turbia centinela moral de un evangelio hemipléjico en cuya doctrina cabe antes un camello por el ojo de una aguja que un no nacionalista en el reino de los cielos.
Ahora han urdido una conspiración de batzoki contra un obispo euskaldun al que, siendo de su tierra y hablando su lengua autóctona, no consideran uno de los suyos. El viejo resabio tribal del nacionalismo se activa en cuanto atisba señales de discrepancia en el caserío o en la aldea. Coto privado de feligresía unívoca, reserva espiritual, vallado identitario de almas inmaculadamente fieles a la religión del diferencialismo. El recelo cimarrón se agrupa en reflejo de autodefensa para estigmatizar al recién llegado, aunque se trate sólo de un recién regresado al territorio vernáculo en el que goza del mismo derecho de acogida que quienes se consideran sus dueños. Enfermizo estigma de la otredad refugiado hasta en la soledad parroquial de una fe de campanario. Obcecada, prejuiciosa obsesión que convierte la acción pastoral de estos curas montaraces en la confusa hechicería de unos santones de tribu.

miércoles, 16 de diciembre de 2009

sábado, 12 de diciembre de 2009

jueves, 3 de diciembre de 2009

En el INEM

domingo, 29 de noviembre de 2009

¿Qué hacemos en Afganistán?


Os invito a leer una columna de Irene Lozano en ABC. La foto es de un joven Felipe González haciendo la mili.


¿Cómo saberlo si ignoramos para qué estamos allí? Al principio, la ocupación de Afganistán se motivó en la captura de Osama bin Laden. Después, la invasión pasó a inscribirse en la guerra contra el terrorismo, un conflicto interminable que obliga a una misión perpetua. No obstante, el objetivo parecía poco ambicioso, de manera que la OTAN, la ONU, los gobiernos americanos y los europeos, añadieron otro más: hacer de Afganistán un paraíso de libertad y democracia. Como el país es sencillito -total, sólo han salido derrotados de allí dos imperios, el británico y el soviético- aún pensaron en aprovechar el viaje para liberar a las mujeres afganas del yugo islámico. Y es posible que olvide algo, teníamos tantos planes para Afganistán... Por desgracia, a estas horas no tenemos ninguno. Y eso no es lo peor. Si fuimos para apresar a Bin Laden, hemos fracasado y si lo hicimos para acabar con el terrorismo, también. Si los soldados marcharon en pro de la liberación de las mujeres afganas, siguen viéndolas por la celdilla del burka, y en el caso de que fuéramos para implantar la democracia, acabamos de legitimar un fraude gigantesco de nuestro viejo amigo Karzai. Ahora dice Carme Chacón que irán 200 soldados más y se quedarán cinco años. Pero ¿para qué? Pónganos un objetivo elevado, señora ministra; añada un fin sublime, ya ve qué poco cuesta. Y sin embargo, 1.000 hombres durante cinco años para sostenella y no enmendalla, son muchos hombres y muchos años.

60.000 personas a examen para Policía Nacional

viernes, 27 de noviembre de 2009

Los caballos de Canetti


José María Ridao en El País.

Una de las mayores incógnitas políticas es dónde desembocará esta sensación cada vez más generalizada de estar llegando al límite. Al límite de un debate público bronco y banalizado, al límite de unas polémicas entre partidos en las que la realidad es sólo un remotísimo referente, al límite de los casos de corrupción, al límite, incluso, de las columnas que, como ésta, declaran que se está llegando al límite.
Cuando, al hacer balance de lo que ha dado de sí la política española durante una semana, se alcanza la desengañada conclusión de que no hay mucho que decir, lo mejor sería guardar silencio. Pero, como señala Elías Canetti en una frase que suele repetir Miguel Ángel Aguilar, la voracidad del espectáculo acaba convirtiéndonos en caballos que se alimentan de su propio galope. Y entonces hay que escoger uno de dos caminos, o reincidir en asuntos sobre los que ya se ha dicho todo, desde lo más inteligente a lo más necio, o chapotear en los nuevos señuelos con los que unos tratan de ocultar que gobiernan de aquella manera y otros que tienen la casa sin barrer y que, por descontado, no están ni remotamente dispuestos a barrerla.

Flaubert confesó que, con Madame Bovary, se propuso escribir una gran novela sobre los asuntos banales de una adúltera de provincias. Es exactamente lo contrario de lo que en España sucede ahora: los asuntos capitales sirven de materia para el guión mediocre de una previsible gresca de patio de vecinos.

Con el agravante de que, encima, no se puede pasar de largo y dejar que se las compongan como puedan. Entre otras razones, porque son conocidas las consecuencias de abandonar el espacio que nos corresponde como ciudadanos, haciendo lo que jamás se debería hacer: abjurar de la política y los políticos, desentenderse de las instituciones democráticas.

Aunque es probable que ya nos hayamos olvidado, éste fue un país que creyó vehementemente algunas cosas. Creyó que su suerte debía estar unida a la de Europa, abandonando para siempre su condición de reserva folklórica para solaz de viajeros en busca de aventura y tradiciones primigenias. En apenas unas semanas, corresponderá a España presidir la Unión Europea en un momento crítico de su breve historia, pero éste es el momento en que poco o nada se sabe de lo que se pretende hacer y en que nadie parece interesado en solicitar información y explicaciones.

Este país creyó, además, que su atraso no era una maldición del destino, sino una manifestación del mal gobierno. Ante una crisis económica como la que padece el mundo, y que en España está teniendo efectos multiplicados y devastadores, lo único a lo que se asiste es a una reiteración de eslóganes risueños o catastrofistas, dependiendo del lugar que ocupen los respectivos portavoces.

A poco que se haga la prueba, no es difícil imaginarlos disfrazados como aquellos antiguos misioneros que iban de aldea en aldea prometiendo el cielo o amenazando con el infierno, según temperamentos y humores. Tan pocas razones, y no digamos estrategias, aducían para que el destino de las almas se inclinase hacia un lado o hacia el otro que, en el fondo, bien podrían ser los precursores de los responsables políticos que hoy se encaraman a la tribuna para lanzar eslóganes económicos que no buscan liderar la recuperación, sino crear quiméricos estados de opinión en favor de intereses electorales.

Y este país creyó, también, que el poder caciquil y corrupto que alentaron la Restauración y la dictadura no estaba inscrito en ningún código genético, sino que era resultado de considerar las leyes como obstáculos a sortear, no como imperativos absolutos. Hasta el punto de que Karl Marx definió a España como el país de Europa con más leyes y donde menos se cumplían. Frente a la proliferación de escándalos en los últimos tiempos, aún hay quien se atreve a proponer más leyes todavía, como si fuera preciso recordar por ley que no se pueden desviar fondos públicos hacia las arcas de los partidos ni tampoco de los bolsillos particulares.

Por más que se generalice la sensación de que estamos llegando al límite, las cosas en que este país creyó siguen vigentes. Y además, y a diferencia de lo que ocurrió tantas veces en el pasado, dispone de las herramientas imprescindibles para alcanzarlas, como son un régimen democrático y un nivel de desarrollo capaz de conjurar cualquier tentación de fatalismo.

Podemos, sin duda, seguir alimentándonos de nuestro propio galope, como los caballos de Canetti, y llevar el debate público hasta extremos de miseria inconcebibles. Pero las cosas que importan, y en las que este país creyó, están todavía ahí, exigiendo una respuesta.

jueves, 19 de noviembre de 2009

Fauna ibérica totémica


Joseba Arregui en El Periódico de Catalunya.

Tomar como referencia la península Ibérica significa hablar de la piel de toro. Esa referencia animal lleva directamente al otro término del título, a la fauna. La fauna ibérica se encuentra peleada. O, mejor dicho: las divisiones que se dan en España hoy se simbolizan por medio de referencias al mundo animal, una especie de división de la piel de toro en nichos ecológicos en los que no reina la variedad de las especies, sino solo una especie de forma dominante.
No cabe duda de que algunos, en Catalunya, preferirían no estar incluidos en la piel de toro, aunque tampoco su espíritu geométrico daría como para exigir la inclusión en el hexágono francés, pero sí para reclamar ser reconocidos como cuña entre la animalidad ibérica y el espíritu geométrico francés. Y ello a pesar de que para afirmar su desacuerdo en que sea el toro –el de Domecq, el de la mitología o el de las corridas entendidas como fiesta nacional–el que les represente simbólicamente en este intento por resucitar el sistema totémico, prefieren dejarse representar por el burro.

Es conocida la tendencia de estos animales a resistirse a las órdenes de quien les quiere dirigir. Son animales empecinados, muy independientes, de no fácil apareamiento –lo que puede explicar, en parte, además de las razones tecnoeconómicas en la agricultura, que haya sido declarado en peligro de extinción– y de difícil gobernación. Es decir: usando un término español muy castizo, son muy cazurros.
Pero, hete aquí que a algunos catalanes les gusta el término de cazurros para designar a los mesetarios, que son todos los que encuentran algo criticable en las posturas políticas derivadas del catalanismo. En el caso de la identificación de los catalanes con los burros, parece que no llega a asumir todas las características del animal totémico.
No parece, tampoco, que los mesetarios estén a favor de una plena identificación con las características de su animal totémico, el toro. Pasa este por ser un animal noble, de buena planta, bravío, de raza pura, criado para responder con esas cualidades en el albero, a las cinco en punto de la tarde. No parece que la chapuza, la impuntualidad, el desaliño y otras características provengan de la identificación totémica con el toro.
Los vascos han optado por la identificación con la oveja. A pesar de que malas lenguas desconocedoras de la verdadera historia dicen que el toreo a pie tiene mucho que ver con los vascos, la verdad es que muchos vascos tampoco se sienten identificados con el toro. Y han preferido, ahora que la matrícula de los vehículos no da cuenta de la identidad etnolingüísitica del propietario, pegar una oveja, o varias, en la parte trasera del coche: para que se sepa que dentro va un vasco. Un vasco que tiene como animal símbolo a ese animal que, si bien cuenta con una raza específicamente vasca, la oveja latxa, no es precisamente el más específico de la tierra vasca. Quizá los sorianos –Soria pura, cabeza de Extremadura, indicador del punto de partida de las cañadas reales y símbolo de la trashumancia hispana– tendrían tanto o más derecho que los vascos a reclamar ese tótem identificatorio.
Ignoro si los vascos que recurren a la oveja como animal de identificación valoran la tendencia a la masa de esos animales, su ser gregario, su necesidad de cambiar de pastos en invierno y en verano, o es el recuerdo de que los puertos vascos vivían del comercio de la lana castellana que partía rumbo a su elaboración en tierras de Flandes.
Los madrileños todavía no parecen haber dado el salto a desligarse del toro para reclamar el oso, aunque quizá entonces se encontraran con la oposición de los asturianos. Tampoco los extremeños parecen haber sentido demasiado interés en recurrir al cerdo como animal totémico de identificación. Y el presidente Revilla, de Cantabria, podría encontrarse con una oposición de los vascos si eligiera como su animal totémico a la anchoa: los vascos han elegido a la oveja, pero en su voluntad soberanista eso no significa que hayan renunciado a la anchoa como animal con el que poder identificarse.

Es más: en esta piel de toro que es la península Ibérica, en esta España que algunos representan incluyendo a un toro en la enseña constitucional, ha aparecido las últimas semanas un animal que no parece muy de estas tierras: el alacrán. Por un tiempo, este animal más bien exótico ha tenido el poder de unirnos en la preocupación por ver liberados a los tripulantes del atunero.
Y todo este animalario, esta fauna ibérica, vive en una tierra que, según dicen quienes lo saben, incluye a los conejos en su nombre, pues no otra cosa debe significar Hispania sino tierra de conejos. Teniendo ese trasfondo histórico y terminológico, es de comprender que, al final, los habitantes de esa tierra hayan terminado eligiendo sus animales totémicos específicos. Esperemos que en esta granja orwelliana en la que todos son iguales no aparezcan los cerdos afirmando que son más iguales que todos los demás. Y no me refiero a los extremeños.

lunes, 16 de noviembre de 2009

Las relaciones entre profesores y alumnos hoy en día

Allí, para siempre


Alfonso Ussía en La Razón.

«Miré al cielo y todo estaba negro. El negro del cielo se unía con el negro de los tejados de las casas. Eran las doce del mediodía y la luz, o la falta de luz, era de noche negra. Busqué refugio en una taberna, y la cerveza que bebían los clientes, era cerveza negra. Estaba en Belfast». Esta agradable y generosa descripción se debe al talento de Robert Linley, un modesto escritor ingles de historias de viajes domésticos. Nuestros cielos cantábricos, desde los vascos a los gallegos de la cornisa norteña, aún en días de galernas, vientos noroestes locos y panzas de burro estáticas y lluviosas, son luminosos si los comparamos con los de Irlanda del Norte. Se trata de que Iñaki De Juana Chaos sea extraditado a España o no. José Antonio Vera escribió días pasados en este periódico un sagaz artículo titulado «Mejor que no vuelva». Un juez irlandés tiene en sus manos la decisión. Los abogados del criminal que ha penado en España menos de un año de cárcel por cada uno de sus crímenes, han comunicado al juez que, de volver a España, De Juana Chaos podría caer en una profunda depresión que le llevaría a la muerte. Otro chantaje más. Curiosa depresión en quien ha asesinado a veinticinco inocentes. Pero aún así, me uno a la opción de Vera. Mejor que no vuelva. En Belfast para siempre.
Si De Juana volviera a España, cumpliría o no, una breve pena de prisión. Y en unos pocos meses estaría libre. Sería el héroe de las «herriko-tabernas». Le invitarían a pinchos y chacolí, al menos durante unas semanas. De Juana y su chica, Irati Aranzábal, no podrán vivir nunca como una pareja normal. Estarían en tensión y agobio hasta en su propia casa de San Sebastián. Pero mejor el agobio en San Sebastián que la tranquilidad en Belfast. Iñaki De Juana, el asesino, ha sido tratado en las cárceles españolas como un pachá. Chantajeó al Gobierno con unas alimentadísimas huelgas de hambre. Fue vergonzosa moneda de cambio del «proceso de paz» montado por Zapatero y Batasuna. Las autoridades penitenciarias le permitían, de acuerdo con sus antojos y apetencias, compartir con Irati toda suerte de quiquis y sucedáneos, con el mérito de que ni uno ni la otra asistieron nunca a los talleres de masturbación de la Junta de Extremadura. De Juana comenzó a sentirse preso con su libertad. Y a experimentar la inseguridad en sus largos y chulescos paseos donostiarras. Sus amigos terroristas del IRA le encontraron en Belfast el nidito de amor que exigía su nueva condición de casado. Y tanto ella como él, están hasta las narices de Belfast. La depresión le ha sobrevenido por amanecer en Belfast un día sí y otro también. La recuperación del asesino será un engorro para todos. Mejor que no vuelva. Para un español, y el canalla de De Juana lo es aunque no quiera serlo, la libertad en Belfast es más cárcel que la prisión en cualquiera de los centros penitenciarios de España. No he conocido a nadie que prepare con ilusión un viaje a Belfast. Sabino Arana eligió Lourdes para su viaje de novios. Sabino buscaba un milagro que no se produjo. Poder consumar su matrimonio. De Juana creyó encontrar en Belfast su libertad inmerecida. Que la disfrute, si es que en Belfast se disfruta la libertad. Y que no vuelva. Que se muera allí.

sábado, 14 de noviembre de 2009

Sancho Panza y el Coto de Doñanna


Tomás Cuesta en ABC

CONFIARLE una comisión de delincuentes la reforma del Código Penal sería un disparate mayestático. Confiar en que, merced a los políticos, la corrupción política desaparecerá del mapa es igual de insensato y, aún así, en ello andamos. Un vendaval de regeneracionismo ha llegado a rebufo del huracán de los escándalos. Los prontuarios éticos se venden como churros y los de buenas prácticas te los quitan de las manos. Todo vale si es menester remediar honras y remendar virginidades. El que esté libre de chorizos que arroje la primera butifarra. Que levante el cayado aquel pastor que no haya tenido un lobo en el rebaño. Total, que, como a la fuerza ahorcan, a diestra y a siniestra se entona el mismo salmo. Contra el que roba, escoba; contra el que trinca, tranca. El farol, de tan obvio, resulta tabernario. Corruptos y «corrutos» volverán a la carga en cuanto el chaparrón escampe. A la carga o al cargo.
Marco Terencio Verrón -que era tenido en Roma por el más erudito de los ciudadanos- quintaesenció la función pública en un luminoso juego de palabras. «Onus est honos», un cargo es una carga. Servir al bien común es un empeño virtuoso, mas la fortuna y la virtud, según decía Sade, son irreconciliables. Los próceres de hoy día, sin embargo, no vacilan cuando hay que de echarse el peso de la irresponsabilidad a las espaldas. Tal es el caso de la señora de Montilla, que -aunque no sea el único y tampoco el más grave- se puede considerar paradigmático. Doña Anna Hernández es una socialista tan sociable que ha encontrado asiento en los consejos de catorce sociedades. ¡Ahí es nada, monada! Semejante derroche de laboriosidad confiere a su gestión una aureola legendaria. Hércules, a su lado, nunca dio un palo al agua; el camarada Stajanov fue un vago de remate. No obstante, hay quien alberga la sospecha (que linda con la duda razonable) de que se trata de un episodio agudo de bulimia cargante; que la mujer del César ni es casta ni es cauta; que el espejismo del oasis catalán intenta perpetuarse en el Coto de Doñanna.
A fin de poner coto al comadreo y amortiguar futuros descalabros, el «Molt honorable» mandamás de la plaza de Sant Jaume se ha comprometido a suscribir un riguroso «contrato de servicio» entre los administradores y los administrados. Tras su entrada en vigor, la servidumbre reprimirá las ansias de colmar el cazo; se abstendrá de sisar; no pimplará a escondidas y no distraerá los cubiertos de plata. ¡Cómo se nota que el «president» Montilla prefiere la zarzuela a la sardana! Se negará a reconocerlo, por no posar de rancio, pero es innegable que el tongo servicial se estrenó en «La Gran Vía» con cadencia de tango. «Pobres amas/ las que tienen que sufrir/ a esas truchas/ de criadas de servir;/ porque si una no tiene/ por las mañanas mucho de acá,/ crea usted, caballero,/ que la dividen por la mitad». Ahora, sumándole el tres por ciento, el unte y los recargos, la harían cuartos en vez de demediarla.
Después de transformar a la península en un triste archipiélago de ínsulas baratas, la infame turba de los politicastros se ha encasquetado una bacía quijotesca sobre la desolada vaciedad del cráneo. ¿A qué tanta hidalguía si el referente moral es Sancho? «Desnudo entré en el gobierno, y desnudo salgo», afirmó el escudero al dejar Barataria. ¡Menudo sinvergüenza! Mira que pasearse con la panza al aire...